SER EL CAMBIO QUE ANHELAMOS

    En estos días de vorágine colectiva, reflejo del síndrome de “fin de año”, comienza una especie de proceso de supervivencia ante un posible apocalipsis (quizás interior). Estamos más apurados de lo habitual y sin embargo no nos detenemos a pensar cual es el tren que estamos perdiendo y corremos tan desesperadamente a su encuentro.  Nos activamos en modo ON y nos lanzamos a esa vida para que el 31 de Diciembre nos encuentre con todas las cosas bajo control y resueltas. ¿Será que esto que perseguimos es un fin posible? ¿Será que esto que perseguimos nos hace bien?

      Con el paso del tiempo, la racción de masas desenfrenadas se convierte en reincidente. Vemos gente correr por las calles; locales comerciales desbordados de clientes; oficinas con más plazos; jefes con más ordenes; personas con más ansiedad….      Por todo ello, es que indefectiblemente llego a la misma conclusión: el ser humano es un animal de costumbre que se resiste a cambiar. No nos  animamos a vivir distinto, seguimos un instinto que nos lleva muchas veces por caminos de cotidianeidad carente de sentido.  Sin embargo, es la elección más asumida entre los hombres y eso se debe a una causal fundamental: Más allá del umbral del cambio está la incertidumbre y eso genera temor.

        Según la Real Academia Española, la palabra Crisis deriva del latin. crisis, y este del griego. κρίσις krísis, y la define como “Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados”. Cuando nos encontramos en una situación de esa índole y el peligro eclipsa las puertas hacia los grandes desafíos, tendemos entonces a una estabilidad conocida. Preferimos seguir con los mismos hábitos, usos y costumbre y llevar campantes la bandera del famoso refrán: “malo conocido, a bueno por conocer”.

        El temor a lo desconocido se refleja en muchos aspectos de la vida, pero fundamentalmente hago foco en aquellas discrepancias que se presentan entre las personas generando rechazo, discriminación y desconfianza, evitando así un crecimiento interior y retroalimentación positiva que habita en la rica diversidad.

          Estigmatizamos las diferencias, los nuevo, lo distinto, lo desconocido.  Se excluye e ignora al que piensa diferente, al que no se comporta según los patrones “esperados” o al que cuenta con atributos que se distinguen de los propios y vemos en ello, amenaza, miedo a pérdida de autoridad, de estatus o de orden.

        Presenciar situaciones en donde no se siguen los lineamientos que se pretenden genera un caos interior, enoja o paraliza.  El temor ahuyenta y aleja, dispersa y desvanece llevándonos desde la incomodidad hasta el horror. Se camina por la desconfianza y la sospecha y son ellos los principales colores que elegimos para vestir nuestros sentimientos. El amor al prójimo diluye fronteras y genera puentes de desarrollo, enriquecimiento mutuo, apertura mental, flexibilidad, respeto, tolerancia, consenso y entendimiento.  Condimentos humanos que unen y que, según mi criterio, nuestra sociedad herida reclama a gritos.

     ¿En alguna medida somos artífices de ese sistema que observamos? Propongo frenar la marcha, inhlar, sonreir y ser el cambio que anhelamos ver, el tiempo es hoy.

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Lascano, María Victoria
Lic. en Recursos Humanos
Coach Organizacional internacional

María Victoria Lascano
Licenciada en Recursos Humanos
Coach Organizacional Internacional

E-mail: victorialascano@yahoo.com.ar